En juicio oral determinaron que Darío Castaño actuó bajo emoción violenta


El padre de Mauro Castaño, el joven que murió en un incendio en una celda de la alcaidia de Trelew, había sido acusado por homicidio agravado en grado de tentativa por uso de arma de fuego contra Javier farias Costa, uno de los policías absuelto por el caso de su hijo.

Por el hecho ocurrido el 17 de febrero de 2017, el tribunal integrado por los Jueces Alejandro Defranco, Adrián Barrios y Florencio Minatta,

Los magistrados aseveraron que para que se de esa condición el imputado debía estar emocionado, lo que se evidencia en las exposiciones y se necesita una causal externa, siendo esta la muerte de su hijo y la falta de respuesta del Estado. En consecuencia resolvieron imputar a Rubén Darío Castaño por homicidio en grado de tentativa en estado de emoción violenta, lo que conlleva una pena que va de los seis meses a los dos años de prisión en suspenso.

Durante el evento, cobraron valor las deposiciones efectuadas por la víctima y en contraposición los argumentos vertidos por Castaño, y también por su hija que estaba junto a él en el momento de lo sucedido. Farías Díaz señaló que aquel día salía de trabajar en la unidad regional y se dirigía a casa de su hija en barrio Inta, cuando en la calle Daleoso observa el paso de una camioneta Ford Ranger sin parabrisa, pero no le prestó mayor atención hasta que minutos después la ve nuevamente y ahí se percata que quien conducía era Rubén Darío Castaño, a quien acompañaba su hija.

Mas adelante la ve estacionada y el imputado estaba apoyado sobre el capot, y tratando de evitar un cruce, decide ir por la otra vereda. Es en ese momento que siente a alguien por detrás que le expresa: “decime quien fue” y al ponerse de frente, estaba Castaño con un arma calibre 22 tipo revólver con tambor, con el cuál efectúa unos cuatro disparos, abalanzándose sobre su persona trabándose en un forcejeo sin poder evitar que realice dos nuevos disparos sobre su humanidad, los que le provocaron heridas graves, de las cuales hasta el día de hoy tiene secuelas.

En otra de las jornadas la hija de Castaño prestó su testimonio indicando que aquel día se cumplían dos años de la muerte de su hermano Mauro, tras el incendio producido en la celda de contraventores ubicada en la seccional primera, por lo que Acosta fue acusado y posteriormente absuelto. Contó que acompañó a su padre, sabiendo como lo afectaba esa fecha, con algunos inconvenientes generado en su trabajo, y también con la camioneta, por lo que decidieron regresar a la casa. Manifestó que en el camino se cruzan a la víctima, que los miraba y se reía, y que el padre se da cuenta y vuelve hacia donde se encontraba expresando que tenía que hablar con él y preguntarle quien había sido. De nada sirvió tratar de controlarlo, puso el vehículo frente a esta persona y se bajó con el afán de encararlo, pero ella no ve cuando saca una pistola y si mira que se ponen a charlar, y Acosta le pide que vayan hacia la esquina: “ahí veo que se trenzan como a golpes y el tipo mete la mano en una bolsa que llevaba, después ya no puedo ver y en segundos mi padre viene agitado y corriendo a la camioneta diciendo que debían irse de allí…”, aseveró la deponente en el juicio.

A su turno, Rubén Darío Castaño aludió a lo que representaba su hijo Mauro en su vida: “vivía conmigo, teníamos planes, proyectos, todo desmoronado porque se encontró con unos chacales vestidos de uniforme y le quitaron la vida”, señaló. Luego puso énfasis en la salud siquiátrica de Acosta, al expresar que tres veces le fue negado el ingreso a la policía por ese motivo y acercó una documentación donde se certifica maltrato familiar, llegando a meter la mano de un hijo menor en un horno para castigarlo. Consideró que se trata de una persona enferma, no negó que tenía el arma sin registrar que llevaba bajo el asiento de la camioneta y la tomó en aquel momento, pero dijo que trató de defenderse ya que, tal como lo testimonió su hija, metió la mano en la bolsa donde llevaba el arma reglamentaria policial: “era él o yo, porque yo sé que ese tipo está loco y me mataba…”. Mas adelante comentó: “estoy arrepentido, pero si te matan un hijo y se te burlan en la cara no es normal. Yo creo en la justicia, y no se trata de confundir a jueces y fiscales, cuando lo vimos con mi hija se nos reía en la cara”.

Luego se explayó a partir de las preguntas de las partes, señalando que hace un año y dos meses está bajo arresto domiciliario y también particularizó en la leucemia crónica mieloide que padece y por la cuál debe acceder a costosos medicamentos. Reiteró que no había tenido intención de llegar a esta situación.

Emoción violenta

En el veredicto los jueces Defranco, Barrios y Minatta señalaron que surgía de toda la prueba presentada que no podía sostenerse la legítima defensa, como pedía el defensor del acusado, pero si corresponde indicar que el imputado actuó con un grado de culpabilidad que llena los requisitos del homicidio atenuado, en un grado de emoción violenta que las circunstancias hicieron excusables. Aseveraron los magistrados que para que se de esa condición el imputado debía estar emocionado, lo que se evidencia en las exposiciones y se necesita una causal externa, siendo esta la muerte de su hijo y la falta de respuesta del Estado. En consecuencia resolvieron imputar a Rubén Darío Castaño por homicidio en grado de tentativa en estado de emoción violenta, lo que conlleva una pena que va de los seis meses a los dos años de prisión en suspenso.
También rechazaron por voto de mayoría el agravante del uso de arma y el Ministerio Público Fiscal deberá determinar en la cesura de pena si pide que la prisión sea de cumplimiento efectivo, aunque se computan el año y medio que lleva con arresto domiciliario. La pena será debatida mañana a las 9 HS.

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